Desde hace cinco años, el Barómetro Niji interroga a los decisores de las grandes organizaciones francesas: CIO, direcciones generales, direcciones de negocio, direcciones de transformación. Para esta 5ª edición, más de 100 decisores procedentes de ETI, empresas del SBF 120 y del CAC 40, y administraciones públicas han compartido sus retos y decisiones. El Barómetro evalúa cada año la madurez de las organizaciones en torno a cinco pilares seguidos desde la primera edición: visión estratégica, gobernanza, enablers tecnológicos, cultura y competencias, medición del rendimiento. Esta edición 2026 añade tres focos temáticos inéditos: la simplificación del SI, el impacto de la IA en la GPEC, y las plataformas de IA agéntica.

98%
mantiene o aumenta sus expectativas sobre la contribución de la tecnología al rendimiento (90% en 2025)
53%
presenta presupuestos estancados o a la baja, en un contexto de run, SaaS y Cloud al alza
40-60%
de ganancias de productividad proyectadas a 3 años en las fábricas tecnológicas, frente al 15-20% del año pasado
33%
solo reasigna una parte de estas ganancias a la transformación y el saneamiento del SI

Un doble efecto tijera

El primer efecto tijera es visible en las cifras: por un lado, el 98% de las organizaciones mantiene o aumenta sus expectativas sobre la contribución de la tecnología a su rendimiento, una presión que no cede y que incluso progresa respecto al 90% medido el año pasado. Por otro, el 53% presenta presupuestos estancados o a la baja, en un contexto en el que los costes de run, SaaS y Cloud están, salvo excepción, en aumento. La IA viene a agravar la ecuación: abre la puerta a nuevas necesidades (casos de uso, datos, plataformas, API) y genera una abundancia de proyectos que los presupuestos no pueden absorber. Hacer mucho más con todavía menos se ha convertido en la norma.

Pero existe un segundo efecto tijera, menos visible y más peligroso. La IA lleva consigo una promesa real: producir más rápido, simplificar los sistemas, liberar márgenes de productividad considerables. Esta promesa está documentada: las organizaciones proyectan ahora entre un 40 y un 60% de ganancias a tres años en sus fábricas tecnológicas, frente al 15-20% de hace un año. El problema es que esta misma IA, mal orquestada dentro de una transformación incompleta, puede producir justo lo contrario: una capa de complejidad adicional, nuevos proyectos sin gobernanza, una burbuja de deuda técnica que se suma a unos SI ya frágiles. Las dos hojas se combinan: la presión es máxima, los márgenes de maniobra se reducen, y la IA es simultáneamente la principal fuente de tensión y la única salida posible.

Seis cifras que iluminan el panorama

Más allá del doble efecto tijera, seis indicadores del Barómetro merecen una atención particular: son los que revelan la brecha entre la ambición declarada y la transformación real:

  • 7 de cada 10 organizaciones ya movilizan la IA para optimizar sus procesos y su SI. La adopción es amplia.
  • 92% frente a 19%: el 92% utiliza la IA en sus fábricas tecnológicas, pero solo el 19% la ha desplegado de forma sistémica en toda su cadena de valor. La IA está presente en todas partes, y todavía no transforma en ninguna.
  • El 63% de las organizaciones tiene un liderazgo directo del comité de dirección sobre los retos de la IA: un sponsorship inédito, que da fe de la creciente importancia del tema a nivel estratégico.
  • El 55% exige ahora una previsión de ROI antes de lanzar un proyecto de IA. La era de la experimentación sin rendir cuentas ha terminado.
  • Solo el 23% anticipa el impacto de la IA en la planificación de plantillas y competencias (GPEC), precisamente donde se jugará el éxito o el fracaso de la transformación.
  • El 77% cita la eficiencia operativa como primera prioridad tecnológica, por delante de la satisfacción del cliente y el crecimiento. La IA debe producir efectos medibles, no transformación por la transformación.

El contraste 92%/19% es la cifra clave de esta edición: la IA es adoptada en superficie por casi todas las organizaciones, pero dominada en profundidad por menos de una de cada cinco. En esa brecha se juega la competitividad de los próximos años.

La modernización del SI no avanza lo bastante rápido

La madurez tecnológica progresa. La gestión de la deuda del SI incluso da un salto notable este año. Pero este progreso sigue siendo insuficiente para transformar en profundidad el ecosistema tecnológico, simplificar las arquitecturas y liberar los márgenes presupuestarios necesarios. Persisten puntos ciegos que frenan la transformación: el rediseño de los procesos transversales, la gestión del cambio, la medición del valor generado y la preparación de los datos para alimentar los modelos de IA. Por falta de margen de maniobra, las respuestas siguen siendo mayoritariamente cortoplacistas: se arbitra la demanda en lugar de transformar los modelos.

La cifra que ilustra este desfase es contundente: el 92% de las organizaciones utiliza la IA en sus fábricas tecnológicas, pero solo el 19% la ha desplegado de forma sistémica en toda su cadena de valor digital. La IA se adopta en superficie, todavía no está anclada en profundidad. Y los recursos humanos no siguen el ritmo: solo el 23% de las organizaciones anticipa el impacto de la IA en sus empleos y competencias, precisamente donde se jugará el éxito o el fracaso de la transformación.

La paradoja de la reinversión

Ahí reside el nudo central de esta edición. Las organizaciones saben que la IA genera ganancias de productividad: las proyectan en un 40-60% a tres años dentro de sus fábricas tecnológicas, una estimación que se ha más que duplicado en un año. El comité de dirección está implicado: el 63% tiene un liderazgo directo sobre los retos de la IA. Los presupuestos se han protegido pese a la restricción general.

Y sin embargo: solo el 33% reasigna una parte de estas ganancias a la transformación y el saneamiento de la deuda tecnológica. Los dos tercios restantes absorben estas ganancias en nuevos proyectos o las devuelven a otras partidas presupuestarias. Resultado: la IA produce valor local, pero no financia la transformación sistémica. Incluso corre el riesgo de agravar la situación: al generar cada vez más proyectos y run en SI que todavía no se han simplificado.

Precisamente este círculo es el que hay que romper para que la IA se convierta en una palanca de transformación duradera y no en una fuente de complejidad adicional.

Siete palancas para transformar desde 2027

Consolidar los sistemas de información gracias a la IA constituye, en este contexto, una estrategia segura de reinversión de las ganancias: reasignar las ganancias de la IA hacia la fábrica tecnológica permite una mejor productividad, que a su vez libera nuevos márgenes. El presupuesto de 2027 es la oportunidad de poner en marcha esta dinámica. Nuestras recomendaciones se articulan en siete puntos:

  • Una política de redistribución de las ganancias: definir, junto con la dirección general, la parte de las ganancias de productividad de la IA que se destina a la transformación de la dirección de sistemas de información, en lugar de devolverla íntegramente o consumirla en nuevos proyectos.
  • Una estrategia de refactoring: utilizar la IA para reescribir y simplificar los SI heredados (legacy) y los SaaS más costosos, sustituyéndolos por soluciones desarrolladas internamente, con el fin de reducir de forma duradera los costes de run.
  • Un endurecimiento del marco normativo para la IA: política de explotación de datos, referencial de ciberseguridad, marco de arquitectura de IA, cualificación de proveedores, run estructurado para supervisar la IA en producción.
  • Una plataforma agéntica industrializada: base compartida de aceleración de los casos de uso, salvaguarda frente a la burbuja de deuda, y alternativa progresiva a ciertos SaaS intermedios.
  • Una transformación del Target Operating Model: una nueva forma de trabajar, organizarse y colaborar entre humanos y agentes, de principio a fin de la cadena de valor.
  • Una GPEC estructurada y adaptada a la IA, mucho más allá de talleres puntuales: construir las nuevas competencias y los nuevos perfiles, con una estrategia de sourcing como palanca para amortiguar el impacto sobre la plantilla.
  • Un plan decidido de transformación de las fábricas tecnológicas: para que las fábricas tecnológicas se beneficien plenamente de la IA y generen ganancias al servicio de la empresa, de la dirección de sistemas de información y del refactoring del SI.

La edición completa del Barómetro Niji 2026, con datos detallados, benchmark sectorial y plan de acción, está disponible bajo petición. Te permite situarte con precisión respecto a las más de 100 organizaciones del panel e identificar las palancas prioritarias para tu contexto. Contacta con nosotros más abajo.

La pregunta ya no es si la IA va a transformar tu organización. Ya está en marcha: al 92% en las fábricas tecnológicas, al 63% a nivel del comité de dirección. La verdadera pregunta es si esta transformación se sufrirá o se pilotará. Si las ganancias se reinvertirán o se absorberán. Si el doble efecto tijera se sufrirá, o se resolverá.